Por desgracia, en nuestra sociedad las historias tristes son las que abundan. Y el hecho de convivir a diario con ellas nos vuelve -a veces- incapaces de verlas, de sentirlas, de ponernos en el lugar de los protagonistas.

Pero por fortuna siempre hay alguien que se resiste a aceptar como normal el sufrimiento ajeno. Pasó con la historia de Dante, el joven con un retraso madurativo que se quedó sin calzado y sin medicamentos. Hace poco más de una semana el caso conmovió a muchos lectores y tocó, en especial, el corazón de uno de ellos.

La satisfacción fue enorme cuando sonó el teléfono y del otro lado una persona se ofreció a ayudar a Dante. "Quiero hacerlo de manera anónima", advirtió. Esas palabras le aportaron todavía más valor al gesto.

Gracias a ese lector, Dante recibió los remedios que sus padres no pudieron comprarle. Es que ellos habían gastado su poco dinero en un par de zapatillas, para reponer las que habían robado del patio de su casa.

Seguramente habrá muchísimas personas que cada día se dedican a hacer un poquito más felices a los demás. Pero son estas las anécdotas que vale la pena rescatar, las que de verdad se merecen un buen espacio. Muchas gracias, en nombre de Dante.